Dos versiones de la misma historia
Seguro que te suena esta situación. Ella dice: “Le critico porque se desentiende de todo”. Él responde: “Me desentiendo porque no hay forma de hacer las cosas bien sin que me critique”.
Entonces, ¿quién tiene razón? Aunque no lo parezca, los dos. Y a la vez, ninguno. Ambos puntúan diferente la secuencia, generando conflicto.
Diferencia en la puntuación de la secuencia
Durante mucho tiempo, la psicología explicó la conducta con una cadena sencilla. Es lo que planteaba Skinner en sus experimentos: el investigador ofrece un estímulo, la rata responde y se entiende que quien manda es quien controla el experimento.
Pero, ¿qué pasa si nos ponemos en el lugar de la rata en lugar de la del investigador? Los psicólogos Watzlawick, Beavin y Jackson, de la Escuela de Palo Alto, explicaban esta idea con una broma. Una rata de laboratorio le comenta a otra: “Tengo muy bien condicionado a este humano: cada vez que aprieto la palanca, me da comida”.
Desde fuera sabemos que es el humano quien dirige el experimento. Pero la rata lo ve al revés, y lo cierto es que, desde donde ella está, su versión también tiene sentido. Todo depende de dónde decidimos empezar a contar la historia.
A esto se le llama puntuar la secuencia de hechos: en una interacción, cada persona interpreta los hechos como una secuencia de acciones y reacciones. Estas diferencias en la interpretación son fuente frecuente de conflictos. En las relaciones de pareja, se coloca la puntuación de manera que nosotros somos quien reacciona y el otro es el que provoca.
Un círculo sin principio ni final
A simple vista vemos:
- Él: “Me alejo porque ella me regaña”
- Ella: “Le regaño porque él se aleja”
Pero si nos paramos y lo miramos con más calma, lo que ocurre es un círculo de retroalimentación donde él se retrae, ella se siente sola y se lo reprocha, él se siente atacado y se retrae más, ella se siente más sola y le reprocha más y cada reacción alimenta a la siguiente.
Otros ejemplos habituales:
- “No hago las cosas porque me gritas frente a “Te grito porque no haces nada”.
- “Ya no te cuento nada porque me interrogas” frente a “Te pregunto porque nunca me cuentas nada”.
- Mariano espera a que su mujer le diga qué quiere para complacerla y evitar conflictos. Josefa se queja de que “nunca sale de ti hacer las cosas”. Él espera porque ella se queja; ella se queja porque él espera.
¿Por qué es tan difícil verlo?
Cuando estamos en una discusión estamos tan desbordados con nuestra propia emoción que no tenemos hueco para ver la del otro: sentimos nuestro malestar, recordamos lo que nos dolió, somos conscientes de nuestras intenciones. De la otra persona solo vemos la conducta, no lo que hay detrás.
Tres ideas para salir del círculo
- Cambia el foco de la pregunta
En lugar de “¿quién empezó?”, intenta preguntarte “¿qué hacemos cada uno para que esto se repita?”. Esta pregunta no busca culpables y permite que cada uno asuma su parte sin sentirse acusado.
- Cuenta tu parte, no la del otro
La frase “Cuando me siento sola, acabo reprochándote cosas, y sé que eso hace que te alejes” es muy distinta de “Siempre te alejas y te desentiendes de todo”. Con la primera frase damos pie a una conversación, mientras que la segunda abre una defensa.
- Cambia tu movimiento, aunque el otro no cambie el suyo
Aunque el círculo necesita de los dos para mantenerse, basta con que uno rompa su patrón para que algo cambie. En el ejemplo del inicio, ella puede intentar expresar su necesidad de cercanía de otra forma y él puede intentar acercarse antes de que se lo pidan.
Una aclaración importante
Entender que “ambos contribuimos al ciclo” no significa que todo lo que suceda en una pareja sea responsabilidad por igual de ambos. En situaciones de maltrato o de violencia, esta idea no se aplica. Ahí la responsabilidad es de quien agrede, y lo prioritario es la seguridad de la persona afectada. Si es tu caso, busca ayuda profesional cuanto antes.
¿Y si el círculo parece imposible de romper?
Muchas parejas llevan años dentro del mismo patrón y no saben cómo salir. No significa que la relación esté rota, es una dinámica que se aprende y que, con ayuda, se puede cambiar identificando qué parte juega cada uno para que las cosas sean como son. En terapia de pareja ayudamos a observar ese círculo desde fuera, a entender el papel de cada uno sin culpabilizar y a probar nuevas maneras de relacionarse.
Si te has reconocido en alguna de estas escenas, puedes escribirnos, en Miriam Morales Psicólogos estamos aquí para acompañaros.